Escuela de Vallecas 1.0

Benjamín Palencia- La perdiz. 1927
Benjamín Palencia- La perdiz. 1927

 

Escuela de Vallecas 1.0. 1920-1939:

Vanguardia artística.
Alberto Sánchez y Benjamín Palencia. La vanguardia telúrica al encuentro del espacio vacío del límite de la ciudad.
La creación de un grupo que se define como Escuela de una manera abierta integrando personas y apuestas de la vanguardia artística española e internacional.

Territorialidad periférica.
La creación espontánea de los barrios de auto-construcción alrededor de Vallecas. Punto de llegada de la inmigración a la ciudad. Antesala y campamento de asalto de los nuevos habitantes que se desplazan desde lo rural a lo urbano, creando este espacio liminal entre estas dos condiciones, sin renunciar a ninguna.

Expresión política de avance.
Movilización política de los años 20 y 30. La condición revolucionaria de los obreros, campesinos y artistas.

 

ALBERTO. Sobre la Escuela de Vallecas. 1961

«Benjamín Palencia. Palencia y yo nos quedamos en Madrid con el deliberado propósito de poner en pie el nuevo arte nacional, que compitiera con el de París. Durante un periodo bastante largo, a partir de 1927, más o menos, Palencia y yo nos citábamos casi a diario en la Puerta de Atocha, hacia las tres y media de la tarde, fuera cual fuese el tiempo. Recorríamos a pie diferentes itinerarios; uno de ellos era por la vía del tren, hasta las cercanías de Villaverde Bajo; y sin cruzar el río Manzanares, torcíamos hacia el Cerro Negro, y nos dirigíamos a Vallecas. Terminábamos en el cerro llamado de
Almodóvar, al que bautizamos con el nombre de “Cerro Testigo” porque de ahí había de partir la nueva visión del arte español. Una vez en lo alto del cerro –cerro de tierras arrastradas por las lluvia, donde sólo quedaba algún olivo carcomido, con escasas ramas– abarcábamos un círculo completo, panorama de la tierra, imagen de su redondez. Aprovechamos el mojón que allí había, para fijar sobre él nuestra profesión de fe plástica: en una de sus caras escribí mis principios; en otra, puso Palencia los suyos; dedicamos la tercera a Picasso. Y en la cuarta pusimos los nombres de varios valores plásticos e ideológicos, los que entonces considerábamos más representativos; en esa cara aparecían los nombres de Eisenstein, El Greco, Zurbarán, Cervantes, Velázquez y otros. Y como don Quijote… nosotros también, considerándonos caballeros andantes de las artes plásticas, describíamos nuevas formas del dibujo y el color. Llegamos a la conclusión de que para
nosotros no existía el color sino las calidades de la materia. […]. Nos proponíamos extirpar los colores artificiales, agrios, de los pintores, de los carteles.”

“Queríamos llegar a la sobriedad y la sencillez que nos transmitían las tierras de Castilla. Era, en el fondo, un movimiento equiparable a lo que en tiempos fueron los impresionistas […]. Nos parecía que lo que contemplábamos desde lo alto de cerro no había sido todavía realizado por ningún pintor, ya fuera El Greco, Velázquez, Zurbarán o Picasso.
De todo esto surgió la idea de lanzar una nueva escuela, la Escuela de Vallecas. Tomamos la cosa con verdadero fanatismo. Nos dimos a coleccionar piedras, palos, arenas y todo objeto que tuviera cualidades plásticas. Hasta el extremo de que una vez encontramos en un barbecho de Vallecas un zapato viejo de mujer y sobre el hallazgo comparamos los dos mundos: el del interior en Madrid. Esto nos hizo lanzar el grito de “¡Vivan los campos libres de España!” […].

Al campo de acción del cerro de Vallecas acudía, a veces, Palencia con Rafael Alberti, Caneja, Maruja Mallo y otros. Conmigo llevaba de vez en cuando a un grupo de estudiantes de Arquitectura (Segarra, Moreno, Vivanco, Rivaud). Sobre el terreno se iniciaban conversaciones acerca de la plástica de lo que veíamos […]. A Vallecas íbamos en todo tiempo, ya fuera invierno o verano, de noche o de día. Una noche, hacia las doce, me encontraba allí con Palencia y Gil Bel; estábamos contemplando los efectos de la luz lunar en el círculo perfecto de lo que había sido una mina de yeso, de gredas que de día eran de color verde y blanco de hueso. Y que la lluvia extendía sobre ese círculo. Al verlo de noche nos quedamos asombrados por la fosforescencia de los colores, por las coloraciones eléctricas matizadas. Cuando estábamos observando con entusiasmo este fenómeno plástico, cruzó por el medio una figura de mujer, que desapareció rápidamente. De eso hice una escultura titulada Dama proyectada por la luna en un campo de greda.”

 

Alberto- Paisaje de Vallecas 1950-60 Realizado desde el exilio en Moscú
Alberto- Paisaje de Vallecas 1950-60
Realizado desde el exilio en Moscú
Alberto- Monumento a los pájaros. 1931
Alberto- Monumento a los pájaros. 1931
Benjamín Palencia- Paisaje 1932
Benjamín Palencia- Paisaje 1932
Benjamín Palencia- Composición. 1933
Benjamín Palencia- Composición. 1933