En diálogo con José Mansilla

En diálogo con José Mansilla
Lunes 18 de enero de 16h a 17h (hora local en Catalunya)

Tras las exploraciones de TransferBCN damos paso a un ciclo final de reflexión y análisis de la mano de dos investigadores situados en ambas ciudades protagonistas del proyecto. Iniciamos el diálogo desde Barcelona con José Mansilla, antropólogo miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) especializado en el fenómeno turístico. Desde Valparaíso nos acompañará el historiador e investigador Pablo Aravena, con el cual cerraremos la edición de este atípico aunque muy creativo año 2020.

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>Colabora desde Valparaíso:
Marcelo Porta
realizador

>Colabora desde Barcelona:
José Mansilla
antropólogo urbano y miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU). Es profesor en la Escuela Universitaria de Turismo Ostelea. Especializado en movimientos sociales y en la influencia del turismo en el tejido social de las ciudades.

>Inscripciones abiertas para participar de forma presencial en el encuentro
Número de participantes limitado

Más información e inscripciones para participar virtualmente en
info-arroba-sitesize.net
Las inscripciones deben realizarse antes del domingo 19 de enero


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La situación de parálisis de amplios sectores de la economía debiera ser una oportunidad para repensar los modelos caducos de antaño. Uno de los sectores productivos de Barcelona más afectados ha sido el turístico, por ser altamente sensible a los flujos inestables que la COVID propicia con restricciones de movilidad y la sucesión de normativas que se anuncian con poca antelación. Hoteles cerrados, apartamentos turísticos clausurados, servicios hoteleros pendientes de reabrir sus negocios. Toda esta situación ha delatado más si cabe, la insostenibilidad de un modelo de crecimiento en el que la ciudad de Barcelona ha basado su última década. Amplias franjas de población llevan tiempo reclamando medidas protectoras para hacer frente a un clientelismo depredador que pone a la ciudadanía en la cuerda floja. Durante el apogeo del boom turístico el espacio público se vio mercantilizado al máximo, siendo los vecinos los que hacían frente a una ciudad cada vez más clientelar de unos servicios, en los que los habitantes tenían que soportar los daños colaterales del turismo de masas, como si de un mal menor se tratase.

Tras las múltiples afectaciones de lo público y privado asistimos con la pandemia a un escenario bien diferente. Una oportunidad se brinda en estos momentos, y con ella la posibilidad de romper con el monocultivo turístico que Barcelona fomentó desde los años del Fórum de las Culturas. Cuando parecía que la gallina de los huevos de oro y el branding de ciudad serían eternos y que de sus réditos se podía sustraer pingües beneficios por un tiempo ilimitado a costa de la habitabilidad de la urbe. La economía financiera global y sus prácticas extractivistas fijaron su foco en la ciudad condal, gentrificando, reurbanizando y desmantelando Barcelona. Expulsión de vecinos y barrios irreconocibles apenas un lustro después son algunas de las estampas que este proceso acarreó. Otros daños menos visibles pero no por eso menos profundos han supuesto la desaparición de un tejido urbano vecinal, de las redes comunitarias que el habitar urbano propicia.

Sin turistas y sin monocultivo turístico la ciudad luce diferente, se diría que los espacios nos vuelven a pertenecer, si es que algún día dejaron de serlo. Es el momento de apropiarse de las calles y de enraizarse en lo local. Así lo vivimos y constatamos en los recorridos y derivas practicados junto a Valparaíso, Santiago, Rosario, Queens y Bronx.